Para celebrar el equinoccio de otoño, invitamos a Evelina Senger (Psicóloga Gestáltica, Espiritualidad Femenina, Terapia Menstrual) y nos comparte esta nota:

Desde hace unos años, a fines de marzo, comienzo a sentir aroma a otoño. Es algo así como un olor de aire fresco, con perfume delicado a cedrón. Lo siento cerca de las seis de la tarde, solo si estoy serena, en el jardín y sin temer a la melancólica sensación del otoñar.

Me dejo acariciar por él, mientras mis labios se humedecen con infusión de melisa –buena compañera de la quietud otoñal-.

De mis amores me separé en verano, con la sensación de fuerza y potencia que la luna llena de enero provoca en mí. Es en el ocaso de la estación, que el cuerpo que tengo y soy me recuerda lo que no es y la tristeza puede aparecer.

Como vivo regida por un calendario gregoriano y oficial, el sol marca el ritmo que “debo” seguir.

Esta estación me viene a recordar que como hija de hortelanos, el calendario rural me resulta más amable y él es lunar. Calendario y menstruación, luna, solsticios y equinoccios. Las culturas antiguas ya lo sabían. Para los Galos, la palabra menstruación y calendario son la misma: miosachan o miosach. Nosotras lo estamos recordando.

No es de extrañar que con la luna que mengua entre en mi propio laberinto, para salir coronada de mí.

La otoñada, tal como el tiempo de la pre menstruación nos invita a ordenar, poner límites, desarmar las marañas, separar la paja del trigo.

Las mujeres como género poseemos un talento natural para formar y mantener círculos. El círculo es una forma arquetípica que resulta familiar a la psique de la mayoría de las mujeres pues es personal e igualitario (J.S.Bolen).

Por ese talento natural de las mujeres de circular, por el ciclo que se inicia y nos prepara para el invierno, te invito a formar parte de un nuevo círculo de mujeres en otoño, y ya está siendo.