Las flores, como órganos reproductores de las plantas fanerógamas, contienen toda su energía, su magia, sus poderes sanadores, además, de obviamente, toda su belleza.

La Caléndula, es una de mis flores favoritas, hoy quiero contarte algunas de sus propiedades de esta «maravilla» como también se la llama.

Mencionada como remedio digestivo, eccemas y mordeduras de animales por primera vez por Santa Hildegarda de Bingen (abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana, nombre original: Hildegard Von Bingen n. 1098 f. 1179). Comenzó a utilizarse como tratamiento para el cáncer en el siglo XIX. Actualmente se utiliza principalmente para la curación de heridas.

La Caléndula oficinalis es una planta anual que crece hasta una altura aproximada de 60 cm. Se encuentra cubierta de filamentos en su tallo y hojas y produce hermosas flores de color anaranjado. Es originaria del sudeste de Europa y se cultiva en todo el mundo. Su nombre proviene de la palabra «Kalendae” o primer día en el calendario romano, quienes también la llamaban “la flor de las lluvias”, ya que si la flor de la Caléndula  no se abre por la mañana es señal de lluvia para el día.

Esta flor maravillosa es  antiséptica, anti inflamatoria y cicatrizante. Hace más de 3.000 años los egipcios consideraban a la caléndula una planta milagrosa, los griegos y romanos la utilizaban para curar muchas de sus enfermedades. Hoy en día tiene varios usos medicinales y cosméticos.

Sus principales ingredientes activos promueven el desarrollo de nuevos tejidos y son los responsables de las propiedades antiinflamatorias, antibióticas y curativas de las heridas. La caléndula es ideal para tratar heridas infectadas o de curación lenta, piel o membranas mucosas dañadas, quemaduras provocadas por el fuego y por congelamiento. El ungüento también se utiliza en el cuidado de la piel para proteger y humectar pieles sensibles, estresadas o envejecidas, ideal para la cola de los bebés y pezones agrietados de las madres que están dando de mamar.

Pueden utilizarse infusiones fuertes de caléndula para gárgaras o enjuagues para infecciones bucales o de la garganta y en casos de conjuntivitis. También para vendas o compresas para úlceras de decúbito, inflamaciones, hongos, contusiones y quemaduras.

También es habitual su uso para prevenir los espasmos musculares y tratar los dolores menstruales. Su riqueza en flavonoides le otorga propiedades para reparar los vasos sanguíneos y recuperar la buena circulación en el organismo. La infusión de caléndula debe beberse una semana antes de la aparición del ciclo menstrual, para aliviar los dolores menstruales, especialmente en los casos de las personas anémicas.
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