Hoy celebramos el equinoccio de otoño en el hemisferio sur, y es esta la fecha en que “la Madre Tierra queda fecundada por el Padre Sol, para dentro de 9 meses dar a luz el 25 de diciembre, a su Hijo, el Cristo” Refiriendo a una fuerza cósmica y universal. (V.M. Lakhsmi)

Esta fecha es mucho más que un cambio de estación, para los habitantes de la parte sur del planeta, es un período de recolección a nivel material y espiritual. Así como la cosecha, (vid, granos, frutos, peces, leña) son el resultado material del año que pasó. A nivel energético venimos de un tiempo de aprovechar la luz, el clima, el descanso físico y espiritual, amigos y reuniones.  Esto es la culminación de un período, donde podemos agradecer por haber cumplido un ciclo más en la tierra. Por lo tanto, es también un tiempo de balance sobre lo vivido y nuestro actuar. Celebración ante lo que la vida nos ha dado.

También es un tiempo de mirar al futuro y hacer una planificación general de lo que se pretende para el siguiente ciclo. Al igual que los campesinos evalúan en base a sus cosechas, qué semillas son las mejores para plantar y cosechar al siguiente año.

La representación en una imagen de lo antedicho, sería la de estar parado mirando lo que ocurrió y agradecer todo lo acontecido. Y al mismo tiempo poder girar y mirar hacia el futuro para saber cuál es nuestra intención hacia adelante.

En lo personal, aprovecho para agradecer todo el camino recorrido, la confianza de las alumnas de Entre Ríos y de todo el país, y esparzo las semillas para sembrar los nuevos proyectos para este ciclo: cursos presenciales, nuevos cursos a distancia, nuevos productos a la venta para los preparados de las alumnas y nueva etapa de formación personal para mí.

Celebro el otoño, con el aroma de las celebraciones, mi amado Ylang Ylang y con fragancia a Vetiver, que me conecta con la tierra, con las raíces que me recuerdan la gestación y los comienzos.